Concientización sobre el Autismo

Tendemos a enfocarnos solamente en las conductas “disruptivas” de la persona dejando de lado sus potencialidades y habilidades para desarrollarse

El Día Mundial de la Concientización sobre el Autismo, establecido por la ONU, busca poner de relieve la necesidad de contribuir a la mejora de la calidad de vida de las personas con autismo, para que puedan llevar una vida plena y gratificante como parte integrante de la sociedad. El trastorno del espectro autista TEA se caracteriza por la presencia de un déficit en la comunicación y en las habilidades de socialización, y en la aparición en la persona de intereses restringidos y comportamientos repetitivos. Se trata no de una enfermedad, sino de una condición con la que todos deberíamos aprender a convivir. Todos podemos ayudar a cambiar las actitudes hacia quienes tienen autismo y hoy sabemos que ellos pueden participar con éxito en la escuela, ser autónomos y cuidarse de sí mismos en casa. Pueden ser empleados que perciben un sueldo, y ser seres funcionales en situaciones sociales y en su comunidad.

Siguiendo el enfoque piramidal de la educación del Dr. Andy Bondy, las leyes del aprendizaje pueden ser aplicadas para modificar la conducta de cualquiera, siempre y cuando los procesos específicos que surgen de las mismas se apliquen de manera óptima en una situación de aprendizaje que encaje con las habilidades actuales de la persona.  Entonces, una vez que empezamos a entender por qué las personas actúan de la manera que lo hacen, necesitamos saber qué enseñar y la mayoría de las veces, cuando queremos que nuestros hijos, alumnos o pacientes adquieran una habilidad, lo que queremos es cambiar lo que dicen o hacen, modificar su conducta, sobre todo cuando se trata de niños con necesidades educativas especiales. Y entonces nos encontramos con la tendencia general a ocuparnos de las llamadas “conductas disruptivas” como gritar, escupir, hacer berrinches, lanzar objetos, correr a toda velocidad, usar frases estereotipadas o acciones que resultan molestas. Pero ¿Qué pasaría si, sin dejar de lado estas conductas de las que claramente hay que ocuparse, comenzáramos en cambio por estimular la comunicación funcional (sea por medio del habla o cualquier otra modalidad), el contacto visual,  el desarrollo de habilidades sociales con adultos y pares y la participación en actividades grupales?

Desde el espacio del taller “El desarrollo de habilidades sociales como estrategia para potenciar la integración en los niños”, un espacio gratuito y abierto a toda la comunidad en la Fundación Medihome, llevamos a cabo actividades para que los niños aprendan y hagan algo diferente de cómo lo hacían antes de participar en este espacio. Esto quiere decir que nuestras acciones también persiguen reducir las conductas disruptivas, pero comenzando por el desarrollo de las conductas clave. Los niños aprenden bajo diversas condiciones, en distintos lugares y tiempos, no es necesario que estén sentados, en silencio o de brazos cruzados. Pueden aprender mientras están en el suelo, o jugando en el patio. Apuntamos a la importancia de trabajar con actividades constructivas y efectivas poniendo el foco en que las personas aprenden por un motivo, y en general en que aprender promete la adquisición de habilidades que las personas necesitan para acceder a lo que desean y deshacerse de lo que no. Entonces la intención al enseñar debe ser amplia, extendiendo la oportunidad de adquirir y demostrar la habilidad aprendida en diferentes momentos, lugares y personas.*

Como Acompañante Terapéutico y luego como Psicóloga, aprendí fundamentalmente a intentar basar mi trabajo, y mi aporte, no en aquello que falta o “falla”, sino en el potencial de cada paciente, pensando siempre en la oportunidad de aprender y desarrollar cada vez más lo positivo y no solo mejorar o erradicar lo disruptivo. Y es de allí que trato de emprender una nueva aventura con cada nuevo paciente, tanto como con su familia y su escuela.

Mi vínculo con el autismo comenzó aun antes de mi egreso de la Facultad de Psicología, y es a partir de mi rol de Acompañante Terapéutico que me topo con un niño con este trastorno, y digo “me topo”, porque fue allí cuando di cuenta de que mis falencias tanto a nivel teórico como técnico eran muchas, y que aquello aprendido en la Facultad tenia sabor a poco. Pero todas mis preguntas empezaron a responderse en el preciso momento que conocí a Franco, a quien le estaré eternamente agradecida, por haberme enseñado sin dudas mucho más a mí que yo a él. Y allí estábamos dispuestos junto a su familia y su escuela a acompañarlo en su integración escolar, llenos de desafíos. Y entonces a mí me tocaba informarme cada vez más para así poder ayudarlo. También me toco poner el cuerpo para contener sus berrinches y oficiar de mediador social con sus compañeros y su “seño”.

Aquello que hoy sabemos sobre el autismo, yo lo fui aprendiendo junto a los papas de Franco, a Franco y a los profesionales que con él trabajan. En ese entonces dimos cuenta de que se trataba de Autismo, que Franco presentaba un déficit en la comunicación, en sus habilidades de socialización, que sus intereses eran restringidos y sus comportamientos repetitivos. Pero detrás de esa descripción de manual o diagnóstico, había un niño de 6 añitos, y era a él a quien debía conocer para poder ayudar. De a poco y con del tiempo, fuimos corriendo el foco del trastorno y sus características, a la persona y sus deseos. Y es así como su familia, sus amigos, su equipo profesional y yo, comenzamos a disfrutar del niño que Franco era, y nos encontramos con un excelente bailarín, un artista plástico prometedor, un fanático de los sanguchitos de miga, un niño responsable y muy organizado que además había aprendido a disfrutar también de nuestra compañía, nuestros abrazos y con quien personalmente, aprendí a entenderme también con la mirada.

Es muy difícil resumir en pocas líneas el trabajo de cuatro años durante los cuales todos los que nos embarcamos en esta aventura de ayudar a Fran aprendimos tanto. Claro está que esto se trató de un proceso en el que, al igual que sucede con cualquiera, no era todos los días igual, por lo que tuvimos días muy difíciles donde sus berrinches y su aislamiento abundaron, y otros donde su conexión y todo lo que con ella logramos, fue maravilloso. Fran fue y es hoy una persona como todas las demás, con sus intereses y necesidades particulares y con los mismos derechos que cualquiera de nosotros. Sus papás, como todos los demás papás, a veces se angustian, son miedosos, cariñosos, más severos, más permisivos. En conclusión, más o menos asertivos según los días, al igual que su hijo, al igual que yo, al igual que todos. En el Día Mundial de la Concientización sobre el Autismo, tal como se promueve desde la ONU, “todos podemos ayudar a cambiar las actitudes hacia las personas con autismo y a reconocer sus derechos como ciudadanos, que, igual que todos los demás, tienen derecho a reivindicarlos y a tomar decisiones sobre su vida de acuerdo con sus propios deseos y preferencias”.

Por María Cecilia Rodríguez
Lic. en Psicología y Especialista en
Psicoterapia Cognitiva de Fundación Medihome (MP 47069)


Julia Raznoszczyk 
SUR
Comunicación 
julia@surpr.com.ar


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