1) El temperamento violento,
¿cuánto tiene de innato y
cuánto de aprendizaje cultural?
Cuando pasaron hechos aberrantes como la
tragedia de Carmen de Patagones o el asesinato
de Matías, nos planteamos cuál
es la incidencia de lo innato o lo adquirido.
Para responderlo deberemos decir que esta
interrelación entre ambas hipótesis
es siempre inversamente proporcional, o
sea que a mayor predisposición a
la violencia, menor influencia tendrá
del medio ambiente y viceversa.
En el caso de la masacre de Carmen de Patagones
tenemos a un adolescente con trastorno de
personalidad que es víctima y victimario
al mismo tiempo, sufriendo de un momento
de pérdida del criterio de realidad
y actuando en consecuencia. Podría
entenderse como "un acto de locura",
situación profundamente ligada a
lo innato.
En cambio, en el caso del chico Malvino
o el de Matías, nos encontramos con
una banda o patota que agrede tan sólo
por el placer de agredir.
Antes hablábamos de un cuadro psicótico.
Acá nos referimos a una modalidad
psicopática. En este último
caso encontramos mayor influencia del aprendizaje
social, siempre sin dejar de lado lo constitucional.
Pero deberá tenerse en cuenta que
un niño que nace con cierta predisposición
no estará necesariamente determinado
a actuar dicha tendencia, sino que lo podremos
ayudar a superarlo con amor y saber.
2) Cuando los chicos pelean,
¿descargan la violencia que llevan
contenida?
No sólo descargan la violencia contenida
sino que escenifican sus propias carencias.
Esto significa que no toda persona tendrá
la necesidad de demostrar permanentemente
su "poder". Cuando esto sucede
es por el simple motivo de tratar de evitar
poner las debilidades en sí mismo,
proyectándolas en el otro que pasa
a ser víctima de una situación
que lo supera. Todos sabemos de la violencia
que ejercen los grupos radicalizados como
los homofóbicos, racistas, etc.
Los integrantes de estos sectores en realidad
sienten un profundo temor de ser aquello
que agreden. Por ejemplo, aquel que persigue
a los homosexuales, simplemente teme por
su propia tendencia a la homosexualidad
y encuentra en el acto de heteroagresión
una vía de escape que le permita
dominar la angustia que esta idea podría
generarle.
Es por ello que ayuda mucho entender la
violencia desde un punto de vista especular
(en espejo), ya que aquello que agredimos
es aquello que tememos de nosotros mismos.
El hecho de realizar estas conductas "asociales"
en grupo, refiere de sentimientos de inferioridad
que deben suplir con el tema de reunirse
en pos de un mismo objetivo, siendo el fin
buscado, la carencia que todos sus integrantes
comparten.
3) ¿Cuáles
son los errores que cometemos como padres
y dan como resultado chicos violentos?
Los niños, de pequeños, suelen
hacer berrinches. En general es esperable
que esto suceda, ya que se trata de una
conducta destinada a afianzar la individuación,
apareciendo el NO como constitutivo de su
personalidad. Ahora bien, cuando estos berrinches
resultan exagerados o desmedidos, deberemos
manejarnos con suma firmeza, evitando que
el niño sienta que los límites
no existen o son débiles. Existe
un tipo de formación sintomática
que se denomina "crisis hipomaníaca"
y es común confundirlo con los berrinches.
La diferencia radica en que se trata de
rabietas sumamente exageradas con momentos
de autoagresión (lastimarse, pegarse
en la cabeza) y/o heteroagresión
(pegar, patear, morder, agredir verbalmente).
En estos casos habrá que consultar
un especialista (psiquiatra o psicólogo
infantil) para evaluar y comenzar tratamiento
ya que podría tratarse de un trastorno
bipolar (una modalidad de la depresión
infantil).
Muchas veces con la idea de protegerlos
o ser extremadamente permisivos, se comete
el error de "justificar" acciones
violentas o "disociales", como
responder agrediendo físicamente
a otro compañero o desobedeciendo
a la maestra. Si en la escuela les llaman
la atención por algún problema
de conducta, hay padres que intentan abogar
por sus hijos, sin tomarse el trabajo de
analizar el motivo del llamado de la nota.
En estos casos los niños comienzan
a confundir los parámetros de aquello
que está bien y lo que está
mal. Esta falta de criterio lo llevará
a no poder asimilar de manera adecuada las
normativas sociales mínimas. La exposición
cotidiana a los acontecimientos sociales,
también es formativa, como ser la
injusticia social, los piquetes, la corrupción
en todos los niveles, etc. Por ello es fundamental
el análisis profundo de los hechos
a los que los niños están
expuestos, tanto en la escuela como en el
hogar.
Recordemos que todo aquello que no hacemos
por nuestros niños a los tres años,
difícilmente podremos recuperarlo
en la adolescencia, y aquella "permisibilidad"
excesiva se nos vendrá en contra.
4) ¿Cómo podemos
prevenir que nuestros hijos sean tan agresivos?
Si observamos algunos factores en nuestros
niños, como ser: agresión
hacia los pares, conductas sádicas
con los animales, desafío a la autoridad,
baja tolerancia a la frustración,
respuestas impulsivas y desmedidas, habría
que acudir a un profesional que descarte,
primero la presencia de algún cuadro
psicopatológico infantil, y luego
encontrar los mecanismos que nos permitan
encausar las respuestas de una manera más
meditada y menos impulsiva, recordando que
siempre la primer respuesta es la menos
elaborada y posiblemente la más equivocada
socialmente.
Poner límites claros es imprescindible
para lograr una conducta acorde a cada situación.
Habrá niños donde se necesitará
elaborar contratos permanentes, en especial
antes de cada acontecimiento, allí
donde sabemos que puede desobedecer o tener
una mala reacción. No darle nunca
una orden en tono de pregunta o pidiéndola
por favor.
Enseñarles con la palabra y el ejemplo
y NUNCA delegar la función paterna
en otro, por más excusas que podamos
poner, es nuestra obligación y la
única certeza de éxito en
la tarea de criar a nuestros hijos.
5) ¿Hay algo que podamos
hacer si descubrimos que nuestro hijo tiene
este tipo de comportamiento, hay tiempo
para enmendarlo?
Cuanto antes nos demos cuenta, mas posibilidades
de solucionarlo tendremos. Siempre es importante
recurrir al especialista para elaborar un
psicodiagnóstico y posible abordaje
terapéutico.
6) ¿Hay algún
indicio de temperamento violento en la infancia
como para detectar a un futuro adolescente
agresivo?
Como ya señalé anteriormente
los indicios son:
- agresión hacia los pares,
- conductas sádicas con los animales,
- desafío a la autoridad,
- baja tolerancia a la frustración,
- respuestas impulsivas y desmedidas.
Recuerde que nada está
predeterminado y que las dificultades podrán
corregirse o disimularse estimulando las
potencialidades. Siempre cosecharemos aquello
que sembramos, y en la educación
de nuestros hijos, ésta será
una verdad absoluta.
Lic. Daniel Egea
Psicólogo clínico de niños
y adolescentes
www.danielegea.com.ar