¿Qué
efecto real tienen estas bebidas y sustancias
que consumen los jóvenes y también
los adultos?
Quienes las consumen, buscan promover el
aumento de la excitación sexual,
lo cual produce, al mismo tiempo, la disminución
del control conciente y de la represión.
El cuerpo y la mente funcionan en “piloto
automático” en un ambiente
que favorece el descontrol por la aglomeración
de pares en igual condición, la música
frenética, ciertos mensajes subliminales
manejados desde la cabina del DJ y una mentalidad
general de que el boliche o la disco es
el espacio adecuado para practicar en grupo
todo tipo de experiencias, pensando tal
vez, que entre muchos, estarán más
protegidos.
¿Cómo es que, si son
nocivas para la salud, los jóvenes
las continúan consumiendo?
En primer lugar, las tienen a mano en el
lugar donde se reúnen; además
están ciertos “amigos”
que ofician de líderes del grupo
y que dicen “esto no te va a hacer
nada, dale que es cool”. Por supuesto
si alguien se intoxica o sucede algo delictivo,
el instigador desaparece y no se responsabiliza.
Además del riesgo de intoxicación,
¿qué otro efecto producen
estas sustancias o su mezcla?
La imposibilidad de pensar y de reaccionar
ante una situación de emergencia,
una especie de parálisis mental y
muscular y una estupidización generalizada.
De modo que la persona puede estar en medio
de un incendio y no tendrá recursos
para salvarse o, si intentan un juego de
violación, se dejará hacer
pasivamente (en USA las llaman wrap drugs).
En algunos casos, a continuación
existe una amnesia casi total de lo sucedido,
por lo cual la víctima no puede quejarse
o hacer denuncias.
Esta mezcla paralizante de sustancias también
se utilizan en las despedidas de solteros/as
en las cuales los/as “amigos”
drogan al/la novio/a e inducen a la víctima
a situaciones incontrolables.
Obviamente, en estos casos, las medidas
de precaución en el sexo son nulas.
¿Por qué, a su juicio, se
están utilizando estos estimulantes
con tanta ligereza?
Es una pregunta clave y difícil de
conocer la respuesta. Desde la oferta, existe
un comercio en el cual mucha gente gana
dinero con esto. Desde la demanda, no existe
educación sexual ni de valores, que
les permita a los jóvenes evaluar
si realmente necesitan gastar dinero y exponerse
a problemas de salud ingiriendo estas drogas.
En realidad no las necesitan, la sexualidad
juvenil normal no requiere de “ayuditas
farmacológicas”. Tenemos que
pensar en algo más profundo.
Mi opinión, compartida con otros
observadores de la realidad, es que la falta
de un sistema de valores
en la sociedad que sostengan la evolución
de los adolescentes en la formación
de su personalidad, la ausencia de proyectos
viables que los alienten a estar construyendo
su futuro con elementos importantes y trascendentes;
la falta de metas posibles de concretar,
por las cuales se deberían esforzar
por vivir y trabajar, hace que los jóvenes
se sientan vacíos, inseguros, aburridos
y frustrados. Como la libido es uno de los
motores del ser humano que genera la energía
para hacer cosas, para permanecer motivados
con los propios ideales, no solo para la
sexualidad genital, los jóvenes al
no tener proyectos motivadores en los cuales
canalizar su normal energía juvenil,
para no “sentirse bajoneados”,
recurren a las fiestas de sexo, drogas y
más, que les dan la ilusión
por un par de horas, de estar activos, funcionando
bien, igualándose al grupo y de olvidarse
de que ese momento no es la vida toda.
La sociedad no ve el problema
-Las instituciones del Estado no ven la
decadencia moral y espiritual en la que
está cayendo esta generación
completa de jóvenes, que son en definitiva,
los futuros ciudadanos. Ciudadanos que funcionarán
con severas fallas de carácter y
de formación cuando sean adultos
y que no podrán educar apropiadamente
a sus propios hijos, si llegan a tenerlos.
-El comercio de sustancias con estas características
en los lugares bailables no recibe ningún
tipo de limitación o sanción;
estos lugares están habilitados por
los organismos oficiales, los cuales se
convierten virtualmente en cómplices.
-No existe el hábito en nuestro país
de que los padres se organicen para dialogar
y generar redes de rescate y apoyo a sus
hijos con asociaciones civiles a las cuales
puedan pedir ayuda.
-Muchos padres sienten impotencia por lo
que creen es “una moda infranqueable”
y ni siquiera intentan buscar soluciones
creativas en conjunto con otros padres o
familiares.
-En otros casos, los padres están
muy ocupados divirtiéndose ellos
mismos ”antes de que les pasen los
años por encima” y esperan
con bastante ingenuidad y negligencia que
“todo va a salir bien, ya que es una
etapa de la adolescencia de sus hijos que
hay que pasar”, sin darse cuenta de
que ellos mismos son el modelo.
Dra. Beatriz Literat
Departamento Sexología
Halitus Instituto Médico
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Romina Tomeo
| Coordinadora de Prensa & Difusión
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