Al mirarnos al espejo algunas
veces la imagen de nuestro cuerpo puede
agradarnos y otras veces sólo la
aceptamos. El encanto y desencanto respecto
de la imagen es una experiencia tanto habitual
y cotidiana, como fluctuante. Pero hay circunstancias
en que sólo prevalecen el desagrado
y la disconformidad con la imagen que vemos.
Las influencias sociales y culturales también
desempeñan un papel considerable.
Las tendencias estéticas proponen
modelos a imitar, como en nuestra época,
el ideal de belleza ligado a un cuerpo delgado.
El malestar que experimentamos por no adecuarnos
a cierto ideal no lo muestra el espejo.
Es decir, nuestro cuerpo es algo que vemos,
pero que también sentimos, del que
hablamos y del que nos hablan.
La imagen del cuerpo comienza a construirse
muy tempranamente en la vida. Ya el niño
de pocos meses, poseedor de un cuerpo agitado
por necesidades y deseos, que experimenta
placer o insatisfacción, descubre
con alegría su imagen en el espejo
y vuelve su rostro al adulto que lo sostiene
buscando la confirmación de que esa
imagen reflejada le pertenece. La afirmación
que realiza el adulto, en general, la madre,
el modo, las miradas y las palabras con
las que aloja esa imagen serán importantes
en la futura relación de cada persona
con su cuerpo. Aceptar o rechazar el cuerpo,
cuidarlo en el sentido estético o
saludable, o agredirlo con dietas extremas,
con ejercicio extenuante o „fármacos‰
tiene relación con el modo con el
que nos han mirado o las palabras que nos
han acariciado.
Nuestro cuerpo porta esas marcas primeras
y el cuerpo de hoy reacciona en parte en
consonancia con esas marcas y sensaciones
pasadas. Los afectos distorsionan nuestra
imagen sobre la base de nuestras vivencias,
de las personas que amamos, admiramos y
a quienes queremos parecernos.
En los trastornos alimentarios, anorexia,
bulimia y otros, así como en algunos
casos de obesidad se manifiesta una percepción
alterada de la imagen corporal que se corresponde
con la búsqueda de la identificación
a un „cuerpo ideal‰, búsqueda
a veces tan tenaz que puede llevar a poner
en riesgo la vida misma.
Finalmente, hablar de la relación
de cada persona con su imagen corporal,
permite rescatar las respuestas absolutamente
singulares de cada sujeto y propicia la
apertura a la pregunta sobre el deseo que
lo anima.
Fuente: Dra. M. Cristina Carreras, psicoanalista,
coordinadora de Área A.
Equipo de diagnóstico y tratamiento
de enfermedades de la Nutrición.
www.areaa.com.ar