Según lo expuesto
por el Dr. Federico Micheli, director del
Programa de Parkinson y Movimientos Anormales
del Hospital de Clínicas, la persona
está consciente de un deseo que no
puede controlar. Es como querer rascarse
la cabeza y contenerse hasta no dar más.
De esto surge una mala interpretación
o desconocimiento de lo que implica un tic
para una persona y muchos chicos tienen
problemas en la escuela o a los adultos
les cuesta moverse en sociedad. Todas estas
manifestaciones, vengan por los trastornos
que fueran, tienen un origen neurológico
y hereditario que deben preocupar cuando
su duración se prolonga a más
de un año. De suceder esto, pasa
a transformarse en una afección crónica,
la cual necesita tratamiento. Todavía
no se ha encontrado cuál es la forma
en que se heredan estos tics y genéticamente
no se pudieron detectar los genes involucrados
en este proceso.
Existen todo tipo de tics: guiños,
parpadeos, muecas, sacudidas de cabezas
u hombros, carrasperas, gestos y hasta palabras
obscenas. Todos estos movimientos representan
acciones que la voluntad no puede controlar.
En algunos casos, el individuo que lo padece,
al darse cuenta, quizás logre evitarlo
por un breve período. Pero esto le
trae un rebote, ya que como consecuencia,
el tic se vuelve más exagerado.
Existen tics motores que perjudican la salud.
Por ejemplo, sacudir la cabeza podría
provocar una hernia de disco o afectar la
columna.
En general, los tics aparecen en los chicos
y desaparecen a los pocos meses, por lo
que es necesario estar atentos y ante cualquier
duda consultar con un neuropsiquiatra, quien
puede colaborar tranquilizando a los padres
y al niño.
En los chicos, los tics motores son fáciles
de detectar y más leves. El neurólogo
verá cada caso en particular y debe
ser explicado claramente a la familia y
a quien lo padece, ofreciéndole contención
a todo el grupo familiar. Existen, sin embargo,
casos más graves para los que hay
que recurrir a medicamentos específicos,
siendo muy controlado su uso; así
como también de ser necesario se
puede recurrir a la cirugía.
Los tics que comienzan en la adultez son
más raros, ya que disminuyen con
el paso de los años y pueden ser
provocados por algún medicamento
o por una lesión cerebral.
No se deben confundir los tics con las manías:
entre estas podemos mencionar la de enrularse
el cabello o acomodarse el nudo de la corbata.
También existen los trastornos obsesivos-compulsivos,
que se dan con mayor frecuencia entre las
mujeres que entre los hombres. Las pacientes
relatan como ordenan una y otra vez algún
lugar de la casa o son obsesivas en el orden
en que acomodan determinada cosa.
Se dan con mayor frecuencia en los hombres
los tics motores. Pero en ambos casos, todos
los tics se agravan con las emociones y
los cambios y se atenúan en momentos
de tranquilidad.
No se debe retar a las personas que padecen
este problema, ya que la situación
se agrava. Se debe comprender que no los
hacen a propósito. Es algo que va
más allá de su voluntad.
El Dr. Micheli afirma que la mayoría
de los chicos con tics están pasando
por una situación especial, es entonces
cuando es necesario que lo vea un psicólogo
quien con la colaboración de un neurólogo,
llevar a cabo la tarea de mejorar la situación.
Advierte que la psicología no interviene
en el origen de los tics, pero con la contención
que se le pueda proporcionar a quien lo
padece, colabora enormemente en los resultados
que se obtengan.
De la Redacción de
LA NACION