| ¿Cómo
poder definir si los ovarios de una mujer
normal tienen óvulos en cantidad y
calidad adecuada para ser fertilizados ante
la búsqueda de un hijo? Es un dilema
de difícil respuesta médica,
aún en la mujer con ciclos normales
o sin ningún antecedente de riesgo
al respecto.
La realidad es que el número de óvulos
con que cuenta una mujer para lograr un embarazo,
disminuye inexorablemente en progresión
lineal con la edad, como consecuencia de un
sutil proceso de deterioro ovárico
biológicamente controlado, que determina
la involución de la mayoría
de los óvulos (contenidos en pequeños
sacos denominados folículos).
Lo anterior implica que cuando una mujer comienza
el proceso de búsqueda de un embarazo,
desconoce cuan aptos son sus ovarios (y por
extensión sus óvulos) para lograr
su objetivo.
Recientes investigaciones proponen la evaluación
de una sustancia conocida como hormona antimulleriana,
que se detecta con una simple muestra de sangre.
La misma constituye un factor de crecimiento
del ovario, regula el desarrollo de los folículos,
evitando que en cada ciclo se "gaste"
una cantidad excesiva por lo que es un mecanismo
de autoprotección del ovario, que se
autopreserva impidiendo que en cada ciclo
se consuman muchos óvulos.
El dato interesante confirmado por investigaciones
locales e internacionales es que dicha hormona
es un indicador proporcional al número
de folículos presentes: cuanto mayor
es la cantidad de hormona antimulleriana,
mayor es la cantidad de óvulos existentes
en el ovario. La utilidad de dicho registro
es la posibilidad de ajustar la estrategia
terapéutica, ante la confirmación
de la reducción de dicha sustancia,
y el fracaso en el tratamiento de fertilización
precedente. Es decir, el conteo de esta hormona
debería convertirse en un estudio de
rutina en mujeres que estén en búsqueda
de un embarazo ya que refleja en forma confiable
la capacidad de respuesta del ovario frente
a la estimulación, y no ser sólo
una estimación posterior frente al
fracaso de los tratamientos, como ocurre actualmente.
Más aun la utilidad se extiende a pacientes
que debieron realizar tratamientos que afectaron
directamente sus ovarios (por ejemplo las
terapias usadas en oncología) que inevitablemente
impactan en la masa de folículos ováricos,
determinando una dramática disminución
de su número. En estos casos, la determinación
de la hormona antimulleriana permite definir
un pronóstico y una estrategia reproductiva.
Más allá de estos hallazgos,
difícilmente sea pertinente para los
médicos impedir a una mujer que procure
el intento de un tratamiento de fertilización
sólo por el hallazgo de un descenso
de esa hormona. Hemos registrado casos de
embarazos en pacientes en ese estado por lo
que resulta conveniente un análisis
muy prudente del tema, sin conclusiones absolutas.
De todas maneras, este avance aportó
un elemento de gran utilidad en la práctica
médica al proponer nuevos horizontes
de diagnóstico y para esclarecer además
interrogantes no investigados, como por ejemplo,
el impacto de la polución ambiental
en el nivel de reserva ovárica. En
síntesis, un nuevo recurso invalorable
para favorecer el objetivo final: un hijo.
Dr. Carlos Allami, Jefe de Reproducción
Humana del Hospital Durand
rcallami@intramed.net |