Claro que, bien pensado,
con la felicidad no basta. Hay quien es
feliz robando y matando, hay quien es feliz
a costa de los demás…Realmente,
esto del futuro de los hijos es algo que
no se puede decidir a la ligera. Habrá
que reflexionar. ¿Cómo queremos
que sea nuestro hijo? Tal vez muchos lectores
piensen así: “Que sea cariñoso,
amable,sincero,trabajador,honrado. Que sea
capaz de encontrar un lugar en el mundo
y sepa ser feliz en él. Que encuentre
alguien a quien amar, y que se haga merecedor
de ser amado. Que sepa obedecer sin servilismo,
y mandar sin arrogancia. Que no se humille
ante los grandes ni desprecie a los pequeños.
Que haga valer sus derechos y respete los
de los demás. Que tenga muchos amigos
y los sepa conservar, que sea capaz de ayudar
y de pedir ayuda, de escuchar y de hacerse
oír, de confiar en quienes lo merecen
y en merecer la confianza de los demás.
Que disfrute de las alegrías y se
mantenga firme ante las penalidades. Que
de más importancia a las personas
que a las cosas, a los amigos que a las
riquezas”.
Pues bien, hace unos meses la nave de exploración
miposiana PJ-328 estuvo estudiando nuestro
planeta, con el propósito de conocer
cuáles son nuestras prioridades en
la educación de nuestros hijos. Son
antropólogos (el original dice “zoólogos”,
debe ser un error) analizaron miles de horas
de interacción entre padres e hijos,
tanto al aire libre como en las casas (muy
útiles, esas cámaras de rayos
X). Observaron a qué dedican los
padres más tiempo, qué motivos
les llevan a reñir o a felicitar
a sus hijos, qué conductas les ponen
más nerviosos. En su informe leemos:
“Los terrícolas educan a sus
hijos para que se conviertan en un tipo
especial de adulto, muy apreciado socialmente:
un adulto que se lo coma todo, que duerma
de un tirón y recoja su habitación.
Un adulto que nunca interrumpa a otros adultos
cuando hablan, que no grite, no salte, no
corra por los pasillos ni dibuje en las
paredes, que no se manche al comer helado
y no deje migas en el sofá. Un adulto
que coma sin poner los codos encima de la
mesa, sin hacer ruido con la sopa ni levantar
del suelo ninguna pata de su silla”.
¿Y usted? Si un zoólogo miposiano
le observa hablando con su hijo, ¿Llegaría
a adivinar qué cosas son para usted
las más importantes, y cuáles
no lo son? Seamos consecuentes con nuestras
prioridades, aunque sólo sea para
no confundir a los miposianos.
Carlos González Pediatra
y escritor. Es autor de varios best sellers:”Bésame
mucho”,”Mi niño no me
come” y el más reciente,”Un
regalo para toda la vida”