Haciendo referencia al título,
pensaremos el por qué produce esa
sensación de agobio en los padres
la puesta de límites.
Hoy más que en ninguna otra época,
se vive y se cría a los hijos sin
modelos o pautas preestablecidas; las funciones
parentales se van modelando en la práctica,
tomando criterios de diverso origen: de
la historia personal, de la información
dada por los medios masivos, de los pares
que comparten la misma experiencia, de los
profesionales de la salud, etc. De todo
esto resulta que no hay un saber que nos
tranquilice, en el sentido de dar reglas
para la acción, sino que se trata
de ir pensando en cada momento vital del
niño, qué actitud y qué
criterios se adoptan. El resultado es sin
duda, una sensación muy intensa de
AGOBIO, porque además es un trabajo
sin descanso, que se agudiza en algunos
momentos particulares del crecimiento de
los hijos.
Así pues, nuestro
objetivo es explicitar qué características
tienen algunos de esos momentos complejos
desde la perspectiva del niño, para
pensar qué respuestas posibles pueden
elaborar los padres. En sus inicios el niño
es un manojo de
pulsiones (se dice pulsiones a las "necesidades
vitales" ya que no son necesidades
instintivas como en otras especies) que
buscan satisfacción inmediata. El
encargado de dar satisfacción a estas
demandas es el adulto, quien a lo largo
del tiempo, va regulando la inmediatez de
las respuestas, va incorporando la espera
y por ende la temporalidad en el aparato
psíquico del niño. Por este
motivo hay que tener en cuenta qué
cosas está preparado el infante para
poder aceptar y hacer , sin que esa pauta
que se quiere imponer resulte arbitraria
o autoritaria. Por otro lado, hay que pensar
que sin proponer y sostener pautas (que
a veces implican amenazas o castigos para
que la pauta se cumpla) el niño solo
no puede, el "dejar hacer" sin
acompañar o sostener, muchas veces
produce desorganización psíquica
y no libertad o autonomía.
Al nacer, el bebé busca que sus pulsiones
sean satisfechas de inmediato, sin capacidad
de espera, regulado por el principio del
"placer". Placer es descarga inmediata.
La socialización hace que el infante
aprenda a esperar. Además genera
sustitutos a los objetos primarios de satisfacción.
El chupete es un claro ejemplo de objeto
sustituto del pecho materno. A medida que
el niño crece (y se incrementa su
capacidad de espera) los sustitutos de orden
representativo se van complejizando y van
a resultar eficaces para su satisfacción.
Es aquí donde el lenguaje juega un
papel fundamental: un niño puede
calmarse y esperar hablándole, cantando
o contandole un cuento.
Lo que desarrollamos hasta
aquí, nos permite pensar que el proceso
de la puesta de límites implica postergación
de la satisfacción inmediata para
el infante y ese proceso va acompañado
de la oferta de recursos para que pueda
esperar.
Considero que se puede hablar de LIMITE
en tres sentidos diversos:
a) como límite a la
descarga, se ubica el BERRINCHE, descarga
explosiva de afecto, muchas veces sin motivo
aparente, ya que se trata de un conflicto
interno, puede suceder que el deseo o fantasía
interna no coincida con lo exterior y el
pequeño estalle en llanto (por ejemplo
al sentarse a comer y encontrarse con otro
vaso que no es el esperado). En este caso,
el niño "no se lo hace a nadie",
sino que es interno.
Se hace necesario bajar el incremento de
tensión, calmarlo e implementar una
oferta de objeto, ya sea el que demanda,
o algo diferente acompañado de recursos
simbólicos, haciendo por ejemplo,
a través de la palabra más
atractivo al objeto para que lo acepte.
b) Un segundo sentido que
se puede pensar respecto de los límites,
se relaciona con la diferenciación
corporal, es decir poner límite al
cuerpo propio, diferenciándolo del
cuerpo del otro. Aquí nos referimos
a la demanda de" presencia" que
hace el niño hacia el adulto. Una
situación frecuente de este nivel
es el tema del dormir. La demanda del niño
que se pasa a la cama de sus padres, es
una demanda de contacto corporal y presencia
afectiva para poder conciliar el sueño.
También acá se hace necesario
pensar qué recursos se ofertan para
"sustituir"el cuerpo y la presencia
del adulto. Si el niño se acostumbra
a dormirse abrazado al adulto, hay que pensar
que no va a renunciar a eso fácilmente
y que a esa pérdida hay que ofrecerle
objetos distintos: juguetes, canciones ,cuentos
o la presencia del adulto sin contacto directo,
resaltando en todo este proceso la importancia
del cuarto o la cama del infante como propia.
c) Finalmente un tercer nivel
para pensar el límite, refiere al
límite al narcisismo, es decir, límite
al propio Yo. Este es el nivel de mayor
exigencia para el adulto, es la conocida
etapa de los CAPRICHOS, que sí están
dirigidos al adulto. Se presentan como un
desafío a la voluntad del otro y
la afirmación del propio yo. Se traducen
en frases como "yo quiero, para mí,
etc.", que chocan con la decisión
o afirmación que viene desde el adulto.
Acá sí se debe pensar que
"me lo hace a mí", hay
una conducta intencional y dirigida a otro.
Este es el nivel más complejo, donde
hay que sostener el límite con sanciones,
donde muchas veces la palabra pierde su
peso en el momento inmediato de la pelea
Yo a Yo, pero la única manera en
que el aparato psíquico puede elaborar,dar
sentido a lo que pasa, es a través
del lenguaje.
Teniendo en cuenta la complejidad
de este momento hay que pensar qué
métodos de puesta de límites
son eficaces, que en este nivel son importantes
las acciones del adulto como sanciones (no
se trata solamente de hablar) pero que si
la acción no va acompañada
de lenguaje en otro momento (no siempre
es momento de decir, hay que buscar el momento
adecuado, que implica que el niño
pueda escuchar y el adulto pueda hablar),
no se puede dar sentido a lo que sucede
en la relación padres-hijo, ya que
hablar implica dar lugar a las emociones
que disparan estas situaciones , que son
complejas y diversas tanto del lado del
niño como del adulto.
Se pone en juego en este sentido, la capacidad
del infante de aceptar que hay reglas exteriores
a su propio Yo, que debe aceptar aunque
no quiera o tenga ganas o le guste. Son
estas las situaciones que se presentan con
el respeto de los horarios de la vida familiar,
el respeto por las pautas escolares, por
los hábitos de higiene, etc., que
nunca se asumen directamente y sin conflicto.
Quizás quede por exponer, las cuestiones
más prácticas de la puesta
de límites, cómo sancionar,
qué castigos implementar, etc, pero
el criterio de esta nota, no es dar pautas,
sino entender de qué se trata el
conflicto que se presenta y qué consecuencias
tiene para el niño y para la relación
padres-hijo, ya que no todas las conductas
del niño son "caprichosas"
y es importante para los padres poder dar
sentido a eso que se presenta como arbitrario,
raro o a veces "loco", del lado
del niño. Y además pensar
que no hay métodos que son eficaces
por sí mismos (es mejor mandarlo
al cuarto que prohibirle la tele??), sino
que hay que poder pensar el método
y su eficacia en el contexto que surge el
problema, y esto quiere decir pensar en
lo que le sucede al niño y a la relación
con sus padres.
Lic. Mara Sverdlik
Psicoanalista de niños - Investigadora
Facultad de Psicología UBA
marasverdik@ciudad.com.ar