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Con sólo decir que el hierro es el
elemento responsable del color de la sangre
se tiene una idea de su importancia en el
organismo humano y por lo tanto en la dieta.
Aún más: como componente fundamental
de la hemoglobina dentro de los glóbulos
rojos– el hierro se combina con el oxígeno
en los pulmones, y a través del torrente
sanguíneo transporta este elemento
vital a todo el organismo.
Al déficit de hemoglobina en la sangre
(menos de 12 g/dl, con ligeras variaciones
según la edad y el sexo de la persona)
se lo conoce como anemia. Según la
Fundación Argentina Contra la Anemia,
la principal causa de esta patología
en el mundo es la deficiencia de hierro por
carencias nutricionales. Existe además
un estado de deficiencia latente de hierro
que, sin llegar convertirse en anemia, provoca
daño a nivel de órganos y tejidos,
provocando que en una población dada,
por cada individuo anémico haya por
lo menos una persona más con deficiencia
de hierro.
Los primeros síntomas de la carencia
de este nutriente son fatiga, palidez, cansancio,
dificultad para respirar y otros más
específicos: dolor en la frente, coloración
azul en la parte blanca de los ojos o uñas
quebradizas.
Precisamente, el 18,1% de las mujeres argentinas
entre 10 y 49 años y el 8,9% de los
niños entre 2 y 5 años la padecen,
según los últimos datos de la
Encuesta Nacional de Nutrición y Salud
(2005)
Entre las embarazadas, revela la Encuesta,
el índice de anemia trepa al 30,5%.
Y si se considera sólo a las que cursan
su tercer trimestre de embarazo, 35,2%. En
ellas el hierro es el nutriente con mayor
riesgo de ingesta deficiente (59%) después
del calcio (81%).
Vale tener en cuenta que esta encuesta oficial
sólo consideró los grupos más
vulnerables pero que, otros grupos de población
–“adolescentes”, “varones”
o “amas de casa”– comparten
con aquellos las costumbres del grupo familiar,
las pautas alimenticias y tal vez también,
las carencias.
Sumando hierro a la dieta
En la industria alimenticia se ha logrado
dar, frente a este tipo de problemas, soluciones
que pasan por adicionar o fortificar los alimentos
que producen. De esta manera, por ejemplo,
en muchos países del mundo dejó
de ser un problema de salud pública
una enfermedad como el bocio desde que se
adiciona con yodo la sal de mesa (cloruro
de sodio). En la Argentina, aunque muchos
no lo sepan o recuerden es norma oficial desde
hace 30 años adicionar con yodo la
sal fina que se vende comercialmente.
En nuestro país, un desarrollo innovador
logró adicionar por primera vez hierro
a la sal común de mesa, motivados por
la experiencia realizada con el yodo. Claro
que, a diferencia de las sales modificadas
o de bajo contenido de sodio, ésta
sigue siendo sal tradicional manteniendo el
sabor natural de los alimentos donde se la
utilice. Así se asegura una significativa
parte de la ingesta diaria requerida (IDR)
de hierro sólo con el reemplazo de
la sal que habitualmente se usa, por sal adicionada
con hierro, sin necesidad de incrementar su
consumo ni “incorporar” una variedad
más de sal en la alacena.
De modo que, si un vaso de leche fortificada
con hierro cubre un tercio de esa IDR, con
sólo 5 g diarios de esta sal adicionada,
(menos que los 6 g sugeridos por la OMS como
máximo de consumo diario) se logra
cubrir un 35% de la misma y a un costo mucho
menor.
La biodisponibilidad del hierro
El hierro se encuentra principalmente en las
carnes rojas, luego en las carnes blancas
y en algunas verduras y legumbres, con diferentes
grados de biodisponibilidad que además,
varían según quién y
cómo los come
Para que el hierro sea asimilado por el organismo
no es suficiente con que los alimentos que
componen la dieta contengan hierro: éste
tiene que hallarse en la forma química
más parecida posible a la del hierro
de la hemoglobina: hierro hemínico.
La forma de expresar la medida en que el hierro
contenido en un alimento puede ser asimilado
y transformado en hemínico por el organismo
se llama biodisponibilidad. “El hierro
que aportan las carnes es el de mayor biodisponibilidad
–explica el doctor Oscar López,
bioquímico consultor de la industria
de alimentos–. La mayoría de
las veces, acota el Dr. Lopez, los vegetales
que contienen hierro poseen a la vez otras
sustancias, como el ácido fítico,
que interaccionan con el hierro, disminuyendo
su posibilidad de absorción”.
“La biodisponibilidad del hierro en
las carnes rojas puede llegar a ser de un
40%, en tanto que en los vegetales suele ser
del 5%”. Aún así, remarca
el bioquímico “incluso en el
mejor de los casos, el organismo aprovecha
en promedio un 10% del hierro que contienen
los alimentos de una dieta variada”.
En general, el hierro no se halla en los alimentos
en estado puro sino en forma de compuestos
férricos o ferrosos con diferente biodisponibilidad
que se mide en comparación con la del
hierro contenido en el sulfato ferroso, al
cual se le estipula como referencia el valor
100. Así, el hierro del pirofosfato
férrico contenido en la sal de mesa
adicionada tiene un 70% de biodisponibilidad
respecto del sulfato ferroso. La elección
del pirofosfato férrico se debe a la
perdurabilidad de su eficacia con el transcurso
del tiempo y debido a que no modifica el sabor
de los alimentos donde se lo incorpore
Variedad y hábitos culturales
Un dato curioso es que los niveles de anemia
entre la población no varían
sustancialmente en función de los diferentes
niveles socioeconómicos. Un 22% de
las mujeres con necesidades básicas
insatisfechas (NBI) padecen anemia, pero también
la padece casi el 17% de las que, según
se considera, cubren en teoría sus
necesidades básicas.
¿Por qué falta hierro aún
en quienes tendrían pleno acceso a
una alimentación de mayor calidad?
Para la licenciada Silvia Squillace, consultora
en Nutrición, eso “no tiene que
ver con la disponibilidad o con el poder adquisitivo,
sino con la elección de los alimentos”.
O para más detalles, parte de la responsabilidad
está en el fast food y la falta de
tiempo para controlar lo que se come, incluso
dentro del hogar.
La palabra clave en cuanto a los alimentos
a elegir para una buena nutrición,
subraya la licenciada Squillace, no es nueva:
variedad e ingenio en los alimentos que se
eligen.
Para mayor información y/o entrevista
con los profesionales citados.
Contacto de Prensa: Sofía Neiman /
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