El psicólogo
Miguel Hoffmann es autor del libro "Los
árboles no crecen tirando de las
hojas". Ha pasado horas y horas estudiando
la conducta de los bebés (y de sus
padres también). Y dice: "La
Estimulación temprana pasó
de ser una técnica de terapia para
chicos con retardos madurativos a ser una
'herramienta de perfeccionamiento', si se
quiere, una herramienta para fabricar genios".
Luego advierte: "La estimulación
no deseada causa una interrupción
de los procesos espontáneos del bebé".
La Dra. Segal es pediatra y especialista
en puericultura. Durante años fue
jefa del departamento de investigación
del hospital de niños Ricardo Gutiérrez
de La Plata. Hoy en día atiende a
cientos de chicos en ese hospital y en su
consultorio. Para Segal "hay una tendencia
de que el chico logre todo muy rápidamente.
Pero para lograr esos chicos especiales
se usan procedimientos muy intrusivos, muy
dirigidos, que van contra la libertad".
Entonces pasan cosas como los siguientes
diálogos que suelen escucharse:
Dos mamás sentadas en un barcito,
cuyas hijas tienen 5 añitos:
La mamá de Lucía: - ¿Qué
te parece si el miércoles llevamos
a las chicas a que hagan la prueba para
danza clásica?
La mamá de Sofi: ¡¡¡El
miércoles imposible!!! Sofi tiene
un día complicadísimo: Tiene
inglés de 17 a 18 hs. y antes de
las 18,30 hs. tenemos que estar en el club
para su clase de natación... ¿Y
si lo dejamos para el viernes?
La mamá de Lucía: No, el viernes
no. Es el día en que tiene clase
de guitarra y los lunes tampoco podría
porque tiene psicóloga y plástica.
Sucede que chicos que
todavía no van a la escuela o apenas
están haciendo su pre-escolar, tienen
agenda completa.
"Es una tendencia que viene de Estados
Unidos. Tiene que ver con la sociedad de
consumo, con la competencia, con la importancia
de sobresalir.", dice Segal.
Y tal es así que uno de los primeros
en estudiarla fue el psicólogo norteamericano
David Elkind. En su libro "El chico
apurado: creciendo demasiado rápido",
el autor decía ya en 1981 que la
causa de que hubiera chicos superexigidos
era que todos los padres estaban demasiado
ocupados en construir sus carreras y no
tenían tiempo para la crianza. "Tener
chicos supercompetentes libera a estos padres
de la culpa pero pone demasiado peso sobre
los propios chicos".
¿Cuáles
son los riesgos de tener chicos hiperocupados?
La Dra. Segal cuenta que "a veces,
cuando se desarrolla demasiado un área,
se va en contra de las otras. Por ejemplo,
se desarrolla demasiado lo cognitivo y se
pierde en lo creativo o en lo motriz. Hay
chicos brillantes que en lo social tienen
dificultades".
Pero tal vez la consecuencia más
grave de que los chicos tengan tantas actividades
programadas es que no les queda tiempo para
jugar. ¿Jugar? Sí. Algo tan
simple pero no por eso menos importante.
"El juego tiene múltiples funciones.
No sólo es placer, sino que permite
elaborar situaciones traumáticas.
Cuando un chico juega, de pronto da finales
felices a situaciones angustiantes. Si ha
tenido un mal día en la escuela o
si la mamá lo ha retado... El juego
tiene situaciones reparadoras.", expresa
la pediatra.
"El juego también sirve para
descargar agresión. La agresividad
es un sentimiento tan natural como el amor,
el afecto. Entonces, que un chico pueda
romper un juguete en vez de pegarle a un
hermanito, tiene una gran capacidad de descarga",
dice Segal.
En conclusión,
¿qué es lo que los especialistas
acosejan?. "Se les puede decir a los
padres que es bueno ofrecer, pero que no
es bueno imponer una propuesta.
El límite es sutil, pero se nota
en la cara del bebé (o del niño)
cuando se lo está presionando.",
dice el Dr. Hoffmann. Y Segal agrega: "El
niño trae múltiples potenciales,
hay que confiar un poco en ellos y saber
esperar".
De la Redacción de
CLARIN