Los niños tienen múltiples
recursos para expresarse y establecer contacto
con quienes los rodean: Los gestos, las
miradas, la sonrisa, la expresión
corporal, el llanto, y por supuesto, el
lenguaje, el recurso más elaborado
de sociabilización y conocimiento.
“Aunque a veces pueda parecer muy
gracioso y simpático, se debe prestar
atención a que el niño hable
bien desde el primer momento – afirma
la especialista en perturbaciones de la
comunicación y consultora principal
del hospital Alvarez de Buenos Aires, Stella
Maris Casalaspro - , ya que una deficiencia
en el lenguaje puede traducirse en dificultades
en el proceso de aprendizaje, así
como en la interacción con otros
chicos”.
Los trastornos en la pronunciación
de las palabras, técnicamente llamados
dislalias, constituyen un problema común
en los niños pequeños. “Se
caracterizan por la dificultad de emitir
correctamente uno o varios fonemas, es decir
consonantes como la S, R o L entre otras,
modificando el lenguaje en tal forma que
esa consonante es deformada, reemplazada
o directamente omitida”, aclara la
especialista.
Causas:
“Dentro de las dislalias – interviene
Paola Ratti, docente de fonoaudiología
de la Universidad de Buenos Aires -, muchas
son propias del proceso de maduración
de los órganos encargados de la articulación
de los fonemas, es decir lengua, labios,
paladar y dientes.
Esta situación se da particularmente
en niños pequeños, cuando
comienzan a hablar tratando de imitar los
sonidos que oyen”. Y agrega: “Pero
hay otras que aparecen por anomalías
funcionales no anatómicas de las
estructuras responsables de la comunicación
oral y que requieren tratamiento específico”.
Alrededor de los 10 años el niño
adquiere un dominio casi completo del lenguaje.
“Para tal propósito, señala
Ratti, es necesario que no presente trastornos
de la audición ni en las conexiones
neurológicas que permiten comprender
lo que se dice y también que no haya
alteraciones físicas en los órganos
encargados de reproducir los sonidos”.
“Sin embargo, la mayor parte de las
dislalias que presentan los chicos no son
originadas por lesiones nerviosas no alteraciones
anatómicas – advierte
Casalaspro -, sino por problemas en la educación”.
Surgen de la imitación consciente
o inconsciente de los errores de los adultos.
Estas dificultades para articular fonemas
no constituyen un grave problema, pero sí
son aspectos muy válidos a tomar
en cuenta puesto que si se instauran los
mecanismos de pronunciación incorrecta,
el defecto se automatiza y pasa a formar
parte del habla cotidiana, reflejándose
también en el lenguaje escrito. Por
eso, de acuerdo a lo expresado por la especialista,
es fundamental que el niño siempre
oiga hablar correctamente, sin palabras
deformadas.
Actuar a tiempo
Para Ratti hay una relación directa
entre el manejo adecuado de los sonidos
del habla y el desarrollo de las destrezas
de lectura y escritura. “Por esta
razón es indispensable intervenir
a tiempo, cuando las dificultades del lenguaje
se establecen, facilita el aprendizaje escolar.”
Es importante que los padres sepan que hay
profesionales especializados en el campo
de la comunicación que, con procesos
divertidos, logran reencauzar y corregir
la manera de hablar del niño. No
obstante, acuerdan las especialistas, durante
el proceso, tanto padres como docentes deben
ayudarlo a lograr los objetivos.
Entre otros consejos sugieren:
* Evitar que se burlen de él
* Corregirlo prudentemente fuera de las
horas de reeducación
* No pensar que corregirá sólo
con su propio esfuerzo
* No desalentarlo en la corrección
* Hacer que no sienta culpa por su dificultad.
Extraido del Matutino Clarín