La falta de apetito
es el problema de comportamiento más
frecuente y el que se cura más fácilmente.
Forzar un niño a comer, es la más
importante de todas las causas de trastornos
de la alimentación. Porque los niños
aprenden rápido que pueden derrotar
a sus padres en sus esfuerzos por hacerlos
comer y descubren que las horas de comer
son las oportunidades más satisfactorias
para crear barullo y llamar la atención.
La mayoría de los problemas del apetito
comienzan entre los seis y los dieciocho
meses, en la época que el niño
está desarrollando su independencia
de carácter y su resistencia a ser
dominado.
Luego del primer año de vida disminuye
el apetito en forma natural, porque el crecimiento
es más lento y el cuerpo exige menos
cantidad de alimento. El niño se
vuelve más selectivo y rechaza alimentos
que antes aceptó. Otras veces puede
aparecer un nuevo hábito: "el
picoteo".
No se lo debe presionar para que ingiera
los alimentos que rechaza; es aconsejable
que se intente nuevamente más adelante.
El uso de métodos de alimentación
forzada, acentúa el rechazo por determinados
alimentos.
Luego que un niño ha estado enfermo,
es natural que se resista a comer. No hay
que preocuparse por la pérdida de
peso, ya que lentamente la compensará
cuando se sienta mejor y lo necesite. Si
se lo obliga a comer cuando no se siente
bien, es probable que nunca acepte este
alimento más adelante.
No se lo debe presionar para que coma ni
con palabras ni con gestos, porque si se
le hacen escenas a la hora de la comida,
él aprenderá a hacer lo mismo.
Debe asociar la idea de la comida con sensaciones
agradables, por eso es muy importante una
actitud amistosa y cariñosa cuando
se alimenta. Si insiste en comer solo, lo
mejor es dejar que lo haga.
Las amenazas, castigos y sobornos, son la
base de trastornos alimentarios, por lo
que deben ser evitados. Es importante ofrecer
la comida en "pequeñas porciones"
y si la termina, servirle nuevamente. Es
conveniente proveerle los alimentos cuando
el niño está más hambriento
y evitar las colaciones o alimentos de poco
valor nutricional. Las gaseosas o jugos
muy azucarados son innecesarios desde el
punto de vista nutricional, producen gases,
poseen un alto contenido de azúcar,
generan inapetencia, crean hábito
y contribuyen a la formación de caries.
La ingesta de chocolate no se recomienda
porque contiene grasas complejas y la presencia
de ácido oxálico disminuye
la absorción de calcio.
Algunos niños necesitan comer mucho
más que otros para lograr un aumento
de peso promedio. La cantidad de alimento
que un niño come está, en
parte, relacionada con su personalidad y
su apetito varía como el del adulto,
de comida a comida y día tras día.
Simplemente es necesario recordar que todas
las personas nacemos con un apetito que
es suficiente para suplir las necesidades
vitales. Los gustos o los desagrados deben
ser respetados dentro de lo razonable y
que nunca es necesario persuadir ni forzar
a un niño a comer, "ningún
niño sano se ha muerto de hambre
porque no lo forzaron a comer".
El tiempo es la mejor solución para
los problemas de alimentación. Los
trastornos del apetito responden a una guía
paterna defectuosa, donde el mejor tratamiento
es suprimir todos los intentos de forzar
al niño a comer, dado que cuando
se da cuenta que ya no causa tanto alboroto
ni llama tanto la atención, deja
de rechazar la comida.
Dra. Silvina Cuartas
Médica Pediatra
scuartas@intramed.net.ar